Desarrollando un Lenguaje Corporal Interior Por Taylor Ellwood.
En Inner Alchemy, escribí sobre mis experimentos en la búsqueda y trabajo con espíritus guía y formas de vida (como las bacterias) neurotransmisoras que existen en el cuerpo humano. Creé un alfabeto de deseo en el que cada letra representaba una entidad distinta. La letra podía ser usada para encontrar a la entidad cuando trabajamos interiormente con el cuerpo o podía ser usada para evocarla, al curar a alguien. Este último planteamiento sobre la evocación se centraba en la idea de que, aunque el símbolo sea personal para tu cuerpo, puede igualmente ser usado para encontrar una resonancia con el neurotransmisor específico u otras entidades en el cuerpo de otro. Puede entonces trabajarse con las entidades para ayudar en la curación o para lo que sea que la persona desee hacer.
Mi último trabajo con estos conceptos ha continuado centrándose en crear mejor comunicación con el cuerpo humano. La mayor parte de la comunicación que una persona media parece tener con su cuerpo es reaccionaria, basada más en aquello que el cuerpo le dice a la persona y no tanto en una elección consciente de comunicación. El resto de la comunicación que parece tener lugar se centra en actitudes culturales del cuerpo diseminadas en él por memética. Al menos en USA, vivimos claramente en una cultura con fobia al cuerpo, que percibe a éste como un sucio y pecaminoso saco de carne, con impulsos y deseos que deben ser reprimidos lo máximo posible para evitar situaciones bochornosas. Una persona se tira un pedo y todo el mundo fulmina con la mirada al culpable, el olor ofende a las más delicadas sensibilidades, porque una persona nunca debería oler algo tan desagradable.
De hecho, la relación que una persona tiene con sus cinco sentidos externos dice mucho acerca de lo conectada que esa persona está con su cuerpo. Para mucha gente, los sentidos del olfato y el gusto no cuentan, excepto cuando hay que comer. Hemos sido educados para usar desodorante con el fin de no molestar a nadie con el olor de nuestro cuerpo. Que Dios te guarde de lo que pueda ocurrirte si hueles algo asociado a los residuos humanos. Hemos sido educados para arrugar la nariz y evitar ciertos olores. El sabor también se convierte en una víctima al centrarse sólo en lo que comemos. Nunca saques la lengua fuera en una ciudad, saborearás la contaminación que hay en el aire. Con la vista, el tacto y el oído, hay varias reacciones adversas similares, todas provenientes de la ingeniería cultural. Una aversión cultural a lo que parece desagradable se superpone a nuestros instintos. Estamos educados para apartar la mirada, no tocar, no escuchar, y esta severa represión de nuestros sentidos lleva a una rebelión del propio cuerpo, que sabe que ha de llamar nuestra atención de algún modo para que cuidemos de él.
Cuando alguien se queja de cuánto le desagrada su cuerpo, le digo que trate de escucharlo más. Decidir no aceptar lo que nuestros sentidos externos nos dicen lleva al cuerpo a responder de formas más drásticas. Por ejemplo, el olor que exuda el cuerpo de una persona puede decir que esa persona está enferma, sana, o incluso dar pistas sobre lo que ha comido. Pero cuando negamos la información que nuestros sentidos nos brindan, estamos ignorando la realidad fundamental del cuerpo y el hecho de que sin él no habría forma física posible de existir. Hay que tener presente además que, si estamos acostumbrados a ignorar a los sentidos externos, probablemente también habremos suprimido los sentidos internos.
Los sentidos internos interactúan con la consciencia del estado actual del cuerpo. El equilibrio, por ejemplo, es un sentido interno. Normalmente no pensamos en el equilibrio como un sentido, y raramente lo reconocemos hasta que lo perdemos. Otro sentido interno es la consciencia sinestésica que tenemos del movimiento de nuestros cuerpos. Somos conscientes de este sentido, pero probablemente no me equivoco si digo que la gente lo da por sentado, o no están muy seguros de qué hacer con él cuando lo sienten. Hay más sentidos internos que pueden ser explorados, pero por ahora basta con decir que tu cuerpo posee más maravillas y misterios que puedes explorar.
Cuando originalmente decidí crear un lenguaje para comunicarse con el cuerpo, me limité a mí mismo, creyendo que crearía un lenguaje para facilitar una mejor comunicación con los neurotransmisores y bacterias, y otros seres de ese tipo. Pero pronto, al tratar de desarrollar ese lenguaje, mi entidad para la dopamina me dijo que ya poseía un lenguaje para comunicarme con ella y las otras entidades, esto es, mi AOD para el cuerpo. Al darme cuenta de esto, supe que no necesitaba un lenguaje para interactuar con estas entidades, y di vueltas a la cabeza a porqué había creído que lo necesitaba, hasta que mi rodilla izquierda empezó a molestarme. Siempre había tenido una percepción sinestésica del dolor en esa rodilla, y nunca había entendido qué lo causaba. Podía aliviar el dolor dando un golpecito a la articulación, pero al final siempre volvía. Cuando sentí ese dolor supe que aunque podía comunicarme con mis neurotransmisores, no me había comunicado necesariamente con mi cuerpo como un todo.
Podría haber usado técnicas de respiración y visualizaciones guiadas para tratar de comunicarme con mi rodilla. Eso había funcionado para ponerme en contacto con los neurotransmisores y en algunos trabajos que hice con las células, pero sentía que aunque esas técnicas eran útiles, no debían ser la mejor forma para estar en contacto con la consciencia de mi cuerpo. Y mientras centrarse en los sentidos internos podía ser útil para encontrar problemas específicos en el cuerpo, también sentí que eso solo no era suficiente para comunicarse con él. En lugar de eso decidí enfocarme hacia la energía biofotónica que hay dentro de las células. Esta energía es usada en el ADN de las células para la comunicación y otras funciones. También investigué sobre un reciente artículo científico, donde se sostenía que los nervios usan el sonido en lugar de la electricidad para la comunicación1. Esto es porque las membranas de los nervios permiten que el sonido se mantenga, en lugar de debilitarse progresivamente. Supuse entonces que usando sonidos o energía biofotónica podría desarrollar un modo de comunicarme con el cuerpo que me permitiera tener una conversación, aunque por un medio diferente que el lenguaje mismo.
Lo que terminé por desarrollar parece un montón de líneas y puntos sobre el papel. Las líneas son señales largas, mientras que los puntos son señales cortas. Además, algunas formas como triángulos y líneas curvas fueron también desarrolladas en el contexto de la comunicación. También es importante añadir que ese lenguaje no es lineal, con una palabra tras otra. En lugar de eso, se puede decir que se parece más a un lenguaje pictográfico. Hasta ahora no hay muchos de esos pictogramas desarrollados, pero con el tiempo quizá se desarrollen más.
Mi primer experimento fue comunicarme con mi rodilla. Trabajé con la respiración para ponerme en estado meditativo. Después centré mi consciencia sinestésica en el dolor que ahí sentía. Cuando estaba plenamente consciente de esa zona, empecé a comunicarme, imaginando series de sonidos yendo desde mi consciencia hasta mi rodilla. Visualizar los sonidos como líneas y puntos me ayudó, pero eso fue principalmente para mí, un interfaz adecuado a mi consciencia humana, mientras interactuaba con la consciencia celular de mi rodilla. Usé los sonidos y la visualización para guiar la energía biofotónica en su trabajo con la rodilla.
Al comunicarme así con mi rodilla, me vinieron recuerdos a la consciencia de un trayecto en bicicleta por un camino rocoso por el que caía y me hería la pierna y el vientre. En lugar de desechar ese recuerdo, me di cuenta de que mi rodilla estaba respondiendo a la comunicación, mostrándome la causa del dolor. Mucho tiempo después de que un recuerdo se olvide puede aún residir en la carne. El cuerpo retiene el recuerdo y puede revivirlo en cualquier momento, y mi rodilla estaba reviviendo la causa de su dolor y mostrándome que aquello había afectado a algo más que a mi rodilla. De hecho, mi pierna izquierda siempre me ha dado algunos problemas, y ahora sabía cuál era la causa.
Continué usando los puntos y líneas para comunicarme con mis células, pero también interactué con mi memoria. Los puntos y las líneas ordenaban a la energía biofotónica de mis células empezar a reparar cualquier daño que pudiera haber en mi rodilla y mi pierna. La interacción con la memoria consistía en acomodar la versión más reciente de mí mismo, mirando la pierna y curando esa memoria. En el transcurso de varios días continué interactuando con mi rodilla, acudiendo a la memoria, pero también continuando con el uso del lenguaje que había desarrollado para comunicarme con mis células. Curé el dolor en la rodilla y la pierna, hasta el punto en que no necesité darle golpecitos tan a menudo. El sentido sinestésico de mi rodilla me dice que ahora se siente más fuerte. Yo siento que puedo caminar confiando más en mi pierna izquierda.
Aún estoy desarrollando el lenguaje que uso para comunicarme con mi cuerpo. Lo estoy haciendo no sólo para tener mayor conciencia de mi cuerpo, sino también para continuar progresando en los conceptos sobre los que escribí en Inner Alchemy. Estoy convencido de que así como yo estoy desarrollando un lenguaje para comunicarme con mi cuerpo, es posible para la otra gente desarrollar su propio lenguaje o usar el que yo estoy creando. La razón por la que menciono esto es porque tu cuerpo es tuyo. Debes estar dispuesto a hablar con él y a escucharlo, porque tiene sus propias formas de consciencia. Reconociendo esa consciencia, puedes trabajar estrechamente con tu cuerpo y no sólo comprenderlo mejor, sino también estar mucho más cómodo con él. Desde que curé mi rodilla y mi pierna me he sentido mucho más cómodo con mi cuerpo. Otro beneficio también es la posibilidad de comunicarte con el cuerpo cuando enferma, para coordinar sus esfuerzos para curarse, pero eso es experimentación para más tarde, cuando el lenguaje esté más desarrollado.